Resumen
En un contexto educativo marcado por múltiples cambios, uno de los variados desafíos de los docentes consiste en adaptarse a imperativos que enfatizan el trabajo en equipo y la colaboración. De hecho, en los entornos profesionales, las habilidades relacionadas con la colaboración y el ejercicio de acciones efectivas con pares se consolidan cada vez más como un valor agregado y merecen ser enseñadas. En un entorno universitario no faltan los métodos de trabajo colaborativo [1]. Enseñanza entre pares, resolución de problemas en grupos pequeños, estrategia de pensar, discutir y compartir (pensar-par compartir) son sólo algunos ejemplos [2]. Estos métodos tienen en común el hecho de apoyar el aprendizaje a través de la interacción entre pares y fomentar la reflexión individual, particularmente a través de la retroalimentación inmediata en acción. Sin embargo, estos métodos rara vez se transponen a las evaluaciones y menos aún a las evaluaciones Sumativas. Como la evaluación del aprendizaje es central en el recorrido de los estudiantes, y no menos exigente para el profesor, podría ser una oportunidad privilegiada para explotar estos métodos. Entre las múltiples modalidades de evaluación, el examen colaborativo es uno de los menos explotados, aunque resulta un terreno fértil para examinar cómo se despliega la colaboración en el seno de los equipos de trabajo. Por tanto, es en un contexto de evaluación en el aula universitaria que llevamos a cabo nuestro estudio.

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